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HERRAJES PROCEDENTES DE DERRIBO

 

Pequeñas piezas que conservan la historia de la arquitectura 

Autores:
Galindo, JFJ Presidente de la Sociedad Española para la Recuperación y Conservación del Patrimonio Arquitectónico

Sastre Ibarreche, MI. Ingeniero Informático.

Velázquez Vertti, C. Arquitecto especialista en restauración.

Cuando se recupera una puerta antigua, una ventana, un portón o cualquier otro elemento procedente de un edificio, existe una familia de materiales que, por su pequeño tamaño, puede pasar inadvertida y que, sin embargo, contiene una enorme cantidad de información: los herrajes.

Bisagras, pernios, picaportes, cerrojos, llaves, cerraduras, cremonas, fallebas, llamadores, tiradores, pomos, clavos o embocaduras no son simples accesorios. Son elementos funcionales que explican cómo se construía, cómo se utilizaban los edificios y cómo evolucionaron las técnicas de carpintería, cerrajería y construcción. Los herrajes procedentes de derribo constituyen, por ello, una de las familias más interesantes dentro de los materiales arquitectónicos recuperados.

1. ¿QUÉ ES UN HERRAJE DE DERRIBO?

Podemos denominar herraje de derribo a todo elemento metálico, pero también de cerámica, o incluso madera, o auxiliar recuperado de una construcción durante su desmontaje, rehabilitación o demolición y que formaba parte de alguno de sus componentes arquitectónicos, instalaciones o equipamientos.

Una gran parte procede de puertas, ventanas, contraventanas, balcones, portones, cancelas y armarios, aunque también pueden recuperarse elementos vinculados a instalaciones, mobiliario fijo y otros componentes de la edificación. Otras veces la recuperación se refiere a viejos stocks que vuelven a la luz tras un periodo de tiempo a veces de años como colecciones, viejas fabricas, tiendas o trasteros. En estos casos se consiguen viejos diseños descatalogados en un estado como nuevos.

A diferencia de una reproducción contemporánea de aspecto antiguo, el herraje de derribo ha pertenecido realmente a una construcción anterior. Sus desgastes, irregularidades, reparaciones, oxidaciones y pátinas son consecuencia de su fabricación y de décadas —en ocasiones siglos— de utilización. Por eso, dos piezas aparentemente iguales rara vez son completamente idénticas.

2. UNA FAMILIA EXTRAORDINARIAMENTE DIVERSA

La variedad de herrajes que puede recuperarse de un edificio es enorme. Esta diversidad hace especialmente importante disponer de sistemas normalizados que permitan identificar, clasificar, documentar, almacenar, buscar y posteriormente reutilizar cada pieza.

Recoupage y otras entidades asociadas utilizan para ello la Clasificación y Taxonomía RCP de materiales recuperados, que asigna a los herrajes la familia HR.

Dentro de esta clasificación, los herrajes se ordenan actualmente en las siguientes categorías:

HR01. Bisagras
HR02. Pernios
HR03. Picaportes
HR04. Cerrojos
HR05. Llaves
HR06. Cerraduras
HR07. Cremonas
HR08. Fallebas
HR09. Palomillas
HR10. Tiradores
HR11. Candados
HR12. Embocaduras
HR13. Colgadores
HR14. Cartelería
HR15. Clavos
HR16. Tornillería
HR17. Llaves de paso
HR18. Ruedas
HR19. Mirillas
HR20. Llamadores
HR21. Pomos
HR22. Escuadras
HR99. Otros herrajes

La categoría HR99 permite incorporar aquellas piezas que, por su singularidad, función o escasa frecuencia, no puedan incluirse adecuadamente en ninguna de las categorías anteriores. De esta manera, la clasificación puede mantenerse estructurada sin perder la capacidad de registrar objetos excepcionales.

2. LA TAXONOMÍA RCP APLICADA A LOS HERRAJES RECUPERADOS
La taxonomía RCP establece grandes grupos, a saber:
I. Material arquitectónico.
II. Material Mueble
III. Material de jardín
IV. Despieces
V. Materiales fungibles.

La familia de herrajes se encuadra en el grupo de materiales muebles.

Para que un material recuperado pueda incorporarse eficazmente a un inventario, almacén físico o catálogo digital es necesario describirlo mediante otros atributos. La Taxonomía RCP establece para ello un código normalizado de 16 dígitos, incluyendo un guion antes del número secuencial.

Su estructura es:

XX Categoría
## Función
XX Material
## Acabado
XX Color
-#### Secuencial
X Estado RCP

Por tanto, conceptualmente, el identificador responde al siguiente esquema:

Categoría + Función + Material + Acabado + Color + Secuencial + Estado RCP

con un guion inmediatamente anterior al secuencial.

El resultado es un identificador único que no se limita a decir que un objeto es, por ejemplo, una bisagra o un picaporte, sino que permite incorporar al propio sistema de catalogación información esencial para su identificación y recuperación.

De una colección de objetos a un inventario de materiales

Esta distinción es importante.

Un almacén tradicional puede disponer de cientos de bisagras, cerraduras o picaportes agrupados físicamente en cajas, estanterías o cajones. Pero localizar una pieza determinada puede resultar difícil si la única información disponible es su denominación genérica.

La Taxonomía RCP pretende transformar ese conjunto de objetos en un inventario estructurado de materiales recuperados.

La categoría identifica qué es el elemento. La función ayuda a determinar para qué sirve. El material permite diferenciar piezas realizadas con distintas materias primas. El acabado y el color describen características relevantes de su aspecto. El número secuencial individualiza el registro y el Estado RCP incorpora información relativa a la situación del elemento dentro del sistema de recuperación.

Este modelo facilita tanto la gestión física del almacén como la creación de catálogos digitales y bases de datos capaces de relacionar materiales disponibles con necesidades concretas de restauración, rehabilitación o nueva construcción.

3. LA HUELLA DEL TRABAJO ARTESANAL.

Una parte importante del atractivo de los herrajes antiguos procede de su fabricación.

Los ejemplares más antiguos fueron realizados habitualmente mediante forja manual, trabajando el hierro calentado y conformándolo mediante martillo, yunque y otras herramientas. Esta forma de producción deja pequeñas irregularidades que permiten distinguir una pieza artesanal de otra producida industrialmente.

Las marcas del martillo, las variaciones de espesor, las terminaciones ligeramente diferentes o determinadas soldaduras y uniones forman parte de la identidad de cada objeto.

Con la industrialización fueron apareciendo nuevos procedimientos de fabricación: fundición, estampación, laminación y producción seriada.

Los propios herrajes permiten, por tanto, observar la transición desde el trabajo artesanal hacia la fabricación industrial.

4. EL HERRAJE AYUDA A COMPRENDER EL PROYECTO.

Un herraje antiguo puede aportar información sobre el elemento arquitectónico del que procede.

El tipo de bisagra puede revelar cómo estaba construida una puerta. Una falleba permite comprender el sistema de cierre de una ventana. La longitud y forma de un clavo pueden indicar cómo se ensamblaban determinadas piezas de madera.

Incluso las reparaciones son interesantes.

Un agujero añadido, una pieza reforzada, una soldadura posterior o un cambio de posición pueden documentar las sucesivas transformaciones sufridas por una carpintería durante su vida útil.

Por ello, cuando sea posible, resulta especialmente valioso documentar la procedencia del herraje antes de separarlo del elemento arquitectónico original.

Una correcta catalogación debería intentar mantener vinculados el objeto recuperado y la información conocida sobre su procedencia.

5. PÁTINA NO SIGNIFICA DETERIORO

Uno de los errores más frecuentes consiste en considerar que un herraje antiguo debe quedar completamente limpio y brillante para poder reutilizarse.

Precisamente su superficie puede constituir una de sus características más valiosas.

La oxidación estabilizada, los restos de antiguas pinturas, el pulido producido por el contacto de las manos o las pequeñas deformaciones ocasionadas por el uso forman una pátina histórica.

Naturalmente, existe una diferencia importante entre pátina y corrosión activa. Cuando la oxidación amenaza la estabilidad de la pieza es necesario intervenir. Pero una restauración adecuada debería intentar conservar, siempre que sea posible, las características superficiales que testimonian su antigüedad.

Restaurar no significa necesariamente devolver una pieza al aspecto que tenía cuando era nueva.

6. RECUPERAR ANTES QUE SUSTITUIR

Durante una demolición o rehabilitación pueden desecharse cientos de pequeños elementos simplemente porque su desmontaje exige tiempo.

Sin embargo, muchos pueden recuperarse mediante operaciones relativamente sencillas: desmontaje cuidadoso, clasificación, limpieza, estabilización, reparación, catalogación y almacenamiento adecuado.

Su recuperación presenta una doble ventaja.

Por una parte, evita la pérdida de elementos arquitectónicos que ya no se fabrican de la misma manera.

Por otra, permite que esas piezas vuelvan a desempeñar una función útil, reduciendo la necesidad de fabricar nuevos productos y prolongando la vida de materiales que ya existen.

Es uno de los ejemplos más claros de economía circular aplicada al patrimonio construido.

7. ¿DÓNDE PUEDEN REUTILIZARSE?

El destino más evidente de un herraje recuperado es la restauración de arquitectura tradicional.

Cuando se rehabilita una puerta antigua y falta una bisagra, un pestillo, una cerradura o una falleba, encontrar una pieza recuperada compatible puede proporcionar un resultado mucho más coherente que instalar un herraje contemporáneo de imitación.

Pero sus posibilidades son mucho mayores.

Los herrajes recuperados pueden incorporarse a carpinterías realizadas con madera antigua, utilizarse en proyectos de interiorismo, rehabilitación de viviendas rurales, establecimientos comerciales, hoteles, restaurantes o proyectos arquitectónicos contemporáneos que busquen incorporar materiales con carácter propio.

La reutilización no obliga necesariamente a reproducir el pasado. Un herraje histórico puede integrarse perfectamente en una arquitectura contemporánea.

8. CLASIFICAR PARA PODER REUTILIZAR

La recuperación material no termina cuando una pieza se salva del derribo.

Para que exista una verdadera economía de la reutilización es necesario conseguir que el material recuperado pueda ser identificado, localizado, comparado y encontrado por quien vuelva a necesitarlo.

Aquí adquieren especial importancia los sistemas de clasificación y taxonomía.

La utilización por Recoupage y otras entidades asociadas de la Clasificación y Taxonomía RCP persigue precisamente establecer un lenguaje común para describir los materiales recuperados.

Un lenguaje normalizado permite que almacenes, profesionales, restauradores, arquitectos, investigadores y usuarios puedan referirse a los materiales mediante criterios compatibles.

La taxonomía convierte así la clasificación en una herramienta práctica para favorecer la reutilización.

9. PEQUEÑOS OBJETOS, GRANDES HISTORIAS

Cuando pensamos en materiales procedentes de derribo solemos imaginar grandes elementos: vigas, puertas, columnas, rejas, tejas o pavimentos. Sin embargo, el patrimonio arquitectónico también está compuesto por piezas de apenas unos centímetros.Un clavo forjado, una pequeña embocadura, una llave, un picaporte o un llamador pueden parecer objetos insignificantes cuando se observan aisladamente. Pero son el resultado de una técnica, una necesidad constructiva y una determinada manera de trabajar los materiales.

Cada golpe de martillo de una pieza forjada, cada desgaste producido por una llave y cada superficie pulida por miles de manos forman parte de la biografía del objeto.

Los herrajes procedentes de derribo representan, por ello, de manera especialmente clara la filosofía de Recoupage: no limitarse a desechar, reciclar o sustituir, sino recuperar, identificar, clasificar, conservar y volver a utilizar aquello que todavía posee valor material, funcional, histórico y estético.Porque en los materiales de derribo, las piezas más pequeñas pueden contener algunas de las historias más grandes.

https://www.materialdederribo.info/php/herrajes.php

 

HERRAJES PROCEDENTES DE DERRIBO

 

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